Volver a escuchar la voz que siempre estuvo ahí
Haz que se destaque
Sea lo que sea, la manera en la que cuentes tu historia en línea puede marcar la diferencia.
Cuando somos niños, casi siempre alguien nos regala una sonaja, un tambor, una guitarra de juguete, una batería… En mi caso, recuerdo con cariño un pequeño piano de dinosaurio que llegó a mis manos para jugar, para explorar, para hacer ruido.
Porque, al menos en el discurso, sabemos que la musicalidad, el canto y la voz son importantes en el desarrollo de las infancias.
Sin embargo, algo curioso sucede con el paso del tiempo.
Conforme los niños crecen y comienzan a experimentar con la música, con los sonidos, con su voz, muchas veces los adultos —mamás, papás, familiares— empezamos a desesperarnos por el “ruido”. Y sin darnos cuenta, comenzamos a apagar justo esa curiosidad que al inicio alentamos.
No lo digo desde el juicio —ser madre o padre no es sencillo—, sino desde la observación amorosa.
En lugar de ofrecer espacios, tiempos y contención para explorar esos talentos, pedimos silencio.
“Eso es ruido”, decimos.
Y pocas veces lo vemos como lo que realmente es: una semilla que, con la guía adecuada, podría convertirse en un talento, en una forma de expresión, en una voz segura.
Lo mismo ocurre con la voz hablada.
He visto muchas veces a adultos pedirle silencio a los niños cuando preguntan, cuando cantan, cuando cuestionan.
“Son niños”, decimos.
Pero luego esos niños crecen y se convierten en adultos que sienten que su voz no vale, que les cuesta poner límites, expresarse o defenderse… y entonces nos sorprendemos.
Y vale la pena detenernos a reflexionar:
¿Realmente impulsamos la voz de nuestros niños?
¿Los escuchamos cuando tienen algo que decir?
¿O solo los callamos porque incomoda, porque interrumpe, porque no es el momento “adecuado”?
Cuando llegué a Alebrije Quinta Mágica, encontré algo profundamente distinto:
un lugar donde los niños son tratados con dignidad, con respeto, y donde existen espacios creados especialmente para ellos. Espacios para levantar la voz, no para callarla.
El Temazcal Kids va mucho más allá de familiarizar a las infancias con el temazcal.
Es un espacio seguro donde pueden cantar, bailar, jugar y expresarse libremente.
Los adultos acompañamos, sí, pero no somos los protagonistas.
La primera vez que entré a un Temazcal Kids fue una experiencia profundamente transformadora. Los niños se convirtieron en mis maestros. Me recordaron algo que había olvidado: la importancia de volver a las sonajas, a los tambores, al canto espontáneo que nos conecta con nosotros mismos.
Ahí comprendí que este no es solo un temazcal para niños.
Es un espacio para sanar generaciones.
Un lugar donde la voz vuelve a tener valor desde la infancia.
Gracias, Carlitos, Alicia, Ángel, Natalia, Renata, Polo, Rafa, Pato, Emma por ser mis maestros.
Gracias, Tigre, por ser un guía de temazcal tan amoroso y presente.
Gracias, Raq y Carlos, por crear y sostener espacios seguros para las infancias, y por permitirme conectar con mi niña interior a través de ellos.
Gracias, Alebrije Quinta Mágica, por transformar mi año y recordarme que escuchar a los niños es también una forma de medicina.

